viernes, 30 de abril de 2010

La ciencia y la filosofía en la Edad Moderna.




Inicios de la Ciencia Moderna


Tomado de Historia de la Filosofía

de Bryan Magee


Al contrario de lo que se pudiera pensar a simple vista, la ciencia no empieza con el estudio de las cosas inmediatas, cercanas al hombre, para luego proseguir con las mas alejadas, es decir, las estrellas, sino que sigue justamente el proceso contrario: parte del estudio del cielo y desciende a continuación hacia lo terrenal: La novedad de la ciencia radica en la continua confrontación de las teorías con la realidad y la meticulosas comprobación de la veracidad de los datos sobre los que se basa aquella, en detrimento de la discusión y argumentación, que habían sido los métodos empleados hasta entonces.


Los avances científicos desarrollados durante los siglos XVI y XVII traen consigo una auténtica revolución en la concepción que el hombre tenía entonces del universo.

De Copérnico (1473-1543) a Newton (1642-1727) se llegó a una nueva concepción del universo a través de la formulación de nuevas teorías. Las consecuencias de éstas en la concepción tradicional del universo y la autoridad fueron las de un cataclismo. Así, poco a poco se fue imponiendo la idea de que ni la tradición ni la autoridad tenían cabida en la búsqueda de la verdad y el conocimiento.


De esta forma Francis Bacon (1561-1626) establece un nuevo método para la ciencia moderna, haciendo ver que el conocimiento científico podía proporcionarle al hombre gran poder sobre la naturaleza y por lo tanto niveles de prosperidad. Por su parte Thomas Hobbes (1588-1679) establece que la realidad física es lo único que existe y que ésta solo se puede explicar si se concibe como algo en perpetuo movimiento. Con este pensamiento se convierte en el primer materialista.


LOS RACIONALISTAS


Una vez que la Iglesia dejo de ejercer el monopolio sobre el pensamiento, son muchos los que creyeron que el camino más fiable para acceder al conocimiento de la realidad radicaba en la razón: es lo que en filosofía se denominó racionalismo, corriente de pensamiento iniciada por René Descartes y continuada por Benedict Spinoza y Gottfried W. Leibniz. Estaban convencidos de que si se lograban aplicar los mismos métodos de las matemáticas al estudio de la realidad se podrían develar todos los misterios.


LOS EMPIRISTAS


La reacción principal contra el racionalismo filosófico nació en las islas británicas y se conoce con el nombre de Empirismo: Los racionalistas habían menospreciando la experiencia como fuente de conocimiento, diciendo que el único conocimiento fiable era el derivado del uso de la razón, pero los empiristas rechazaban esta afirmación al sostener que el conocimiento que el humano posee de la realdad que lo rodea tan solo puede provenir de los sentidos. Como representantes de esta corriente está John Locke, George Berkeley y David Hume.

TRASCENDENCIA DE LA REVOLUCIÓN INGLESA

La Revolución Inglesa (1688-1689)
Por G.M. Trevelyan.

"Fue una victoria de la moderación, no una victoria las pasiones de los whigs o tories. Fue la victoria de espíritu y la mentalidad de los ingleses. Fue en su esencia la victoria sobre el fanatismo político y religioso.

Durante aquel bendito respiro entre la Revolución inglesa (1688) y la Revolución francesa (1789), los ingleses aprendieron el difícil arte de conllevarse mutuamente. Y el rey y los súbditos, los gobernantes y los gobernados aprendieron también a sujetarse a la ley, en la más jurídica de las épocas.

Estas costumbres de tolerancia y respeto a la ley echaron onda raíces en el alma inglesa durante los cien años que siguieron a la revolución, y tuvieron sus efectos cuando empezaron las inquietudes de una nueva era, con el movimiento democrático, con la Revolución francesa y los problemas sociales de la Revolución industrial. La costumbre de respetar los derechos constitucionales actuó como freno ante la reacción antijacobina e hizo que los movimientos extremistas y obreros se deslizaran por causes legales y parlamentarios.

La Revolución dio a Inglaterra una libertad jurídicamente ordenada y a través de ella le dio su poderío." ( Trevelyan: 1996: p.186)




La Revolución Gloriosa (1688)

Guillermo III de Orange y María II Stuart



RESPUESTAS DEL EXAMEN


1. ¿Por qué se le llamó “Gloriosa” a la revolución de 1688?

Es una revolución donde sin enfrentamientos bélicos ni derramamiento de sangre se lograron poner de acuerdo dos sectores de la sociedad con ideas y credos diferentes. Se pusieron de acuerdo en que podía haber diferencias y aún así lograr la unidad de la nación inglesa, cuestión paradójica, pero real. En esto radica su gloria, su importancia y trascendencia.

2. ¿Quiénes eran los whigs y los tories?

Eran los dos sectores o partidos que integraban el Parlamento inglés que durante mucho tiempo había sido un órgano que apoyaba en todo al rey, pero que poco a poco fue fortaleciéndose con su propio reglamento. Estos dos sectores adoptaron posiciones distintas cuando Guillermo III fue llamado para ocupar el reino.

Los Whigs eran los progresistas protestantes, pertenecientes a la nobleza, representaban las fuerzas que aspiraban a limitar los poderes del monarca y aumentar los del Parlamento; por su parte los Tories no deseaban excluir a un heredero católico de la sucesión al trono de Carlos II, era, pues el ala conservadora.

3. ¿Cuál fue la solución que se encontró para evitar la guerra civil?

Ya que una parte importante del parlamento era protestante (la nobleza) y Jacobo II, hermano de Carlos II –sucesor de Carlos I, el decapitado—quería abrazar la religión católica, se pensó en llamar a un rey sustituto; se pensó en su hija María que era protestante y casada con Guillermo III de Orange, holandés aún más radical casi calvinista, éste era el idóneo para ocupar el trono. De esta forma habría rey, como lo querían los tories; pero sería protestante, como lo deseaban los whigs. Así se encontró una conciliación de intereses.

4. ¿En qué radica la revolución (el cambio) que se dio en 1688 en Inglaterra?

Básicamente en la creación del aparato del gobierno tipo parlamentario y la soberanía del Parlamento ya que era éste quien elegiría a los reyes.

Acusado de gobernar anticonstitucionalmente, Jacobo II fue mandado al exilio y su lugar lo ocupó Guillermo III de Orange, no antes de aceptar el Bill of Rights –fundamento de la constitución de Gran Bretaña--. En él se garantiza la libre elección del Parlamento, la libre expresión y de discusión de los parlamentarios y la inmunidad judicial; no puede introducirse impuesto alguno sin la aprobación parlamentaria; el rey no puede derogar ninguna de las leyes aprobadas por el Parlamento, no puede ser católico, ni tener un ejército permanente sin contar con el consentimiento del Parlamento. Después de declaró la libertad de culto. Cada cual pudo adorar a Dios de la forma que considerara correcta.

La política estatal se separó de la religión. El estado renunció a garantizar la unidad de la sociedad a través de la unidad religiosa. De este modo la sociedad también se separaba del Estado. Mientras se acataran las leyes la sociedad podías ser plural e incluso contener importantes discrepancias internas, algo que constituía un avance fundamental desde el punto de vista de la civilización y de los derechos humanos.

5. ¿Qué tipo que democracia se dio después del derrocamiento del rey? (pregunta del grupo)

En cuanto a su forma de gobierno, puede decirse que fue una democracia parlamentaria. Fue una democracia a través del sistema bipartidista: los whigs y los tories aprendieron a transigir y ceder. Otro elemento fue la libertad de prensa y el debate público.

miércoles, 28 de abril de 2010

AVISO

Por las mismas razones de la vez pasada, la clase de hoy, miércoles 28 de abril, será en el aula 5B. Muchas gracias.

domingo, 25 de abril de 2010

Actividad. Semana 14

La Revolución inglesa

El Parlamento inglés


1. Investigar sobre la Revolución "Gloriosa". Anotar las fuentes consultadas.
2. Elaborar un cuestionario de cinco preguntas y contestarlas.
3. Entregar la actividad el próximo miércoles 28 de abril en el aula.

LA MONARQUÍA ABSOLUTA

Luis XIV y sus descendientes


MONARCAS Y GOBIERNO
EL SIGLO XVIII casi tanto como el XVII, fue una época de reyes. Todos los grandes estados europeos eran monarquías. La política interna de la mayoría de ellos, en su nivel más alto, giraba alrededor de con­tiendas entre facciones en competencia para lograr acceso al soberano e influir sobre él. Las relaciones internacionales estaban profunda y a veces desastrosamente determinadas por las pretensiones .dinásticas opuestas de las familias reinantes, pretensiones que son el fondo de las guerras de sucesión que tanto ocu­pan en la historia del periodo.
La mayoría de los contemporáneos daban por sentado que la monarquía hereditaria era la más natural y, por consiguiente, la más efectiva de todas las formas de gobierno. La anticuada analogía que equiparaba las relaciones entre el rey y la gente con las que existen entre un padre y sus hijos, todavía tenía un significado real para los hombres y mujeres comunes de toda Europa. En particular se suponía que la monarquía era el único tipo de régimen por medio del cual se podía gobernar a un Estado grande, o que estuviera en rápida expansión. Por supuesto. que los reyes podían ser egoístas, perezosos débiles. Po­dían otorgar su confianza a ministros que no la me­recían, o desatenderse imperdonablemente de los intereses de sus súbditos. Sin embargo, en la Europa del siglo XVIII, una monarquía fuerte parecía ser el requisito previo de todo un Estado poderoso y el principal motor del progreso.

HERNÁN CORTÉS

Cortés y la Malinche. José Clemente Orozco


Hernán Cortés --nos dice Manuel Alcalá en la nota preliminar de Cartas de relación de Hernán Cortés-- es una figura de carne y hueso con todos los colores y todos los matices: héroe para unos, villano para otros, es en primera instancia un hombre de su tiempo donde se conjuga “la constante española medievalista con el pujante impulso renacentista” [1]

Efectivamente, no es posible entender a este personaje al margen de lo que acontecía en Europa y en particular en España en el siglo XVI, el contexto en el que este personaje decide realizar la epopeya que lo llevaría la inmortalidad. El espíritu que lo encaminó hacia tal proeza está bien señalado en sus cartas que envió a Carlos V para contarle sobre las tierras que estaba ganando en el Nuevo Mundo para la Corona española.

Siguiendo a Manuel Alcalá: “Un espíritu mesiánico de reconquista contra la morisma [conjunto de moros] sopla en su Segunda carta” cuando Cortés dice: “Pareció que Dios por nosotros peleó”. Los españoles del siglo XVI continuaban al estilo de la Edad Media su Cruzada contra los árabes aquí en América: nada los detenía contra los infieles, ellos cumplían su misión; levantando la bandera de la Cruz luchaban en defensa de la fe cristiana.

Por otro lado, el móvil renacentista puede asomarse en la Tercera carta, que a decir de Alcalá, puede apreciarse en la postura que adopta frente al enemigo con una visión humanista; dice Cortés: “pelearon muy valientemente hasta que murieron” con un tono de admiración y amor por la tierra conquistada.

Es de sobra conocido este pasaje de nuestra historia nacional que sin duda ha influenciado en nuestro carácter e identidad. Cronistas como Hernán Cortés y otros historiadores nos dejan ver la forma en que vieron y vivieron los acontecimientos.

Hernán Cortés a diferencia de muchos de los hombres de armas que participaron en la Conquista, era hombre culto, su estancia en la Universidad de Salamanca dio frutos. Era aficionado a escribir cartas, pero son cinco las que dan cuenta a Carlos V de las empresas llevadas a cabo por él en las tierras recién descubiertas.

Estas cinco cartas se encuentran en la biblioteca Imperial de Viena y son parte de las fuentes primarias para conocer como se dio el inicio de una nueva sociedad donde lo español y sobre todo lo indígena dan sentido a nuestra esencia como mexicanos.


[1] Cartas de Relación de Hernán Cortés, Porrúa, México, 1960